Sentí algo extraño. Algo dentro del pastel estaba duro. Mario sonrió al verme hacer muecas con la boca.
Cogí el plato que me había dado donde estaba el pastel y lo eché de la boca.Sentí mucha vergüenza en ese acto, pero Mario seguía sonriendo.
-¿De qué te ríes?-Dije un poco molesta tras colocar el pastel en su plato. De pronto vi que en ese trozo había algo. El sol lucía en el fondo. Una luz se notó dentro de los trozos de pastel que había desmenuzados.Acerqué mis manos, extendí los dedos y pude coger un objeto de color plata. Puse una cara de asombro ver que en esa mini placa había unas pequeñas letras. Me acerqué para poder distinguirlas.
-Pauline Y Mario.-Dijo él antes de que yo pudiera leerlas.
-¡¡Me encanta!!-Era un collar. Mario se me acercó y yo me puse de espaldas. Me colocó la cadena y me giré. Después me lanzé sobre él y empecé a besarle.
-Gracias.-Dije.
-Te quiero.-Susurró.
No paraba de darle vueltas a lo ocurrido. No sabía que hacer. Sabía que le había mentido. Pero era su madre... algo muy duro tendría que haber ocurrido para no contárselo. Subió el volumen de su iPod para no poder escuchar sus pensamientos, los pensamientos que le invadían en ese momento. Sintió algún golpe, pero siguió como si nada. Escuchó de nuevo ese golpe.
-¡Aaaah! ¡Dios!-Dijo Javié bajando el volumen de la música.
-Perdona, no contestabas y he entrado.-Era su madre. Javié se quedó quieto. Sin habla.-Quería hablar contigo...
-Pues pierdes el tiempo.
-Javié...
-¡Mamá! ¿Qué? ¡Es la verdad!-Gritó Javié.
-Quería contártelo-Explicó Natalia.
-¡Vete! ¡Vete! Ahora no tengo ganas de hablar...-Javié se puso histérico. Natalia aguantó sus lágrimas, y despacio se dirigió a la puerta y abandonó la habitación.
-¡Pauline!, ¿De dónde vienes? ¿Has estado con Mario? ¿Dónde? ¡Cuenta!-Comenzaron sus hermanas y Estrella, que cuando Pauline había llegado, estaba ya allí, se quedaría a dormir. Empezaron a preguntar, después de una noche tan larga.
-Me a llevado al campo. Podrá sonar algo... pero sí, me ha llevado al campo. Ha hecho un bizcocho el cuál me ha dado para que lo pruebe. Pero de repente he notado algo extraño... algo duro...
-¿Qué era?-Se intrigaron las tres.
-Un collar.
-¡oooooooh!-Exclamaron al unísono.-Qué bonito...-Dijeron en tono pasteloso.
-Es este.-Sonreí y levanté el collar para que lo vieran.
-¡Anda! ¡Qué detallista! -Sonrió Carol.
-¡Si hasta pone vuestros nombres...! -Observó Estrella. Carol y Tamara se acercaron a verlo.
-¡Madre mía! Envidiable...-Empecé a reírme.
-Bueno chicas me voy a duchar y luego nos vemos, Estrella, te quedarás, ¿no?-Pregunté.
-¡Claro que sí!-Contestaron Carol y Tamara a la vez, independientes.-Estrella sonrió. Lentamente salí de la habitación.Antes de llegar al baño me crucé con mi madre.
-Pauline, ¿de dónde vienes?
-De dar una vuelta.
-¿Con quién?
-Con unos amigos...-Quise encubrirlo.
-Bueno,dúchate, la cena estará dentro de unos minutos. Después me ducharé yo.-Avisó mi madre.
-Vale.-Seguí recorriendo lo que me quedaba de pasillo hasta que llegué al baño. Me quité toda la ropa. Me situé frente al espejo. ¿Era verdad lo que me estaba pasando? ¿o era un sueño? Me pellizqué fuertemente en uno de los brazos. Sí, era verdad. Levanté una pierna sobre la bañera y la apoyé en su suelo. Después levanté la otra que se me enganchó en una barra que había lo que hizo que me resbalara. Rápidamente me sujeté a lo primero que ví. No fue suficiente y caí.
-¡Ay!-Dije suavemente.Me hice daño.-¡Ay!-Repetí. Me conseguí levantar.
Cuando terminé de ducharme,salí de la bañera y me enroyé en mi albornoz. Eché la ropa sucia al canasto. Me fui a mi cuarto. Allí cogí el pijama y me lo puse.
-¡Tamara,Carol, Estrella! Vamos a cenar.-Grité.
-¡Ya vamos!-Contestaron. Abrí la puerta de mi cuarto y bajé las escaleras llegando a la cocina. En ese momento mi madre subía para ducharse.
-Vamos, que la cena se enfría.
-Vale,mamá-Sonreí.
Mi madre subió las escaleras pasando por el cuarto de mis hermanas y de nuevo.
-Niñas,venga, a cenar.
-Ya,ya-Sonrieron.
Mi madre abrió la puerta del baño. Se desnudó y se metió en la ducha. Mientras que el agua se deslizaba por su cuerpo, pudo ver algún brillo, que procedía de la esquina de la bañera.
-Pauline y Mario.
No hay comentarios:
Publicar un comentario