-Te juro, que estoy super feliz de volver a estar contigo.
-Yo también, te echaba tanto de menos...-¡Mamá! ¡Papá! ¡Feliz Reconciliación!- Dijimos todas. Carol,Tamy y yo.
Aquella reconciliación fue el más bonito que tuvieron en su vida. Palabras de amor, unos te quieros y por último aquel beso que lo diría todo. Mi padre y mi madre se dieron una segunda oportunidad. Fue algo maravilloso, después de la llamada que tuvo Javié de su madre, estaba triste, Natalia le confesó todo, lo que este tiempo había conseguido y cual fue su objetivo. Ahora, estará allí, en algún lugar donde arrepentirse de todo lo que les hizo pasar a mi padre y a Javié. Él, echó durante algún tiempo de menos a su madre,(jamás podrá olvidarla) pero después, pudo levantarse gracias a nosotros, su familia, sus hermanos; Carol,Samuel,Tamy,Javié, Estrella, Mario y yo.
-Toma mamá.-Le ofreció Tamy. Mi madre, entusiasmada abrió ese regalo que le regaló mi hermana. Fue un regalo por su reconciliación, un collar, normal y corriente. Pero la sorpresa fue al ver que Fran, su marido, mi padre, recién reconciliado le entregó una caja azul, con un lazo celeste que decía "Te quiero" .
-¡Ábrelo! - Gritamos todos intrigados. Mi madre lo abrió. Era un anillo, en su interior había unas palabras "María & Fran".
-Gracias, me encanta.- Agradeció María. Después, un beso.
Mis hermanas y yo habíamos preparado un pastel por su reconciliación. Chocolate, chocolate y más chocolate. Cogí un cuchillo y lo corté en nueve trozos. Cada uno cogió el suyo.
-Mmmmm... ! - Todos, absolutamente todos nos manchamos de chocolate la boca. Carcajadas se escuchaban por toda la casa. En ese momento llamaron al timbre. Eran los padres de Mario, Estrella y Samuel.
-Pasad, pasad - Ofreció mi padre. Todos entraron, y en aquella noche de invierno, en aquel lugar de mi casa, pasamos el aniversario-reconciliación de mis padres.
Tal vez no se trate de olvidar, si no de recordar sin que te duela.
Y esque la vida, a veces te trae malas pasadas, pero no tienes más que levantarte y seguir hacía delante. Porque si no lo haces tu, ¿quién lo va a hacer?
[ Y fue allí, un día en el centro comercial, donde comenzó aquella historia de amor, que me dejo sin respiración. ] Te quiero, por y para siempre.
"Los finales felices aunque sean repetidos, son mágicos, especiales, son los que te hacen recordar que la vida da segundas oportunidades y que aunque sea difícil, se olvida y se sigue adelante."
El rincón de Pauline
sábado, 14 de abril de 2012
Capítulo 30. "Hola papá"
Mi padre, quedo solo con Javié por algunos días. Ya no sabía que hacer, hacía tanto que no veía a Natalia... La echaba de menos, eso sí, jamás le perdonaría lo que hizo, sin explicaciones. Javié era otro afectado, estaba en su cuarto, sentado en la silla de su ordenador, al lado de su novia, Carol.
Al cabo de dos meses, ya era abril. Mucho tiempo había pasado desde la desaparición de su madre.
En esos momentos recibió una llamada de teléfono,tal vez... le acabaría cambiando la vida.
-Te quiero, te quiero, te quiero- pronuncié tras aquel beso.
- yo también, por encima de cualquier pero.- Un sonrisa.
Pero por un momento me pasaron esas cosas que habían ocurrido durante todo ese tiempo, agaché la cabeza, se me nublaron los ojos.
-¿Qué te pasa?
- Estoy mal por mi padre, no puedo verle así.
-Te entiendo, si quieres... puedo acompañarte a que lo veas- Me propuso.
-No, creo que no es el momento...
-Si, si lo es, es cuando más necesita tu apoyo, el de tus hermanas y... bueno, tal vez tambien necesite el de tu madre.
-Bueno, ahí te equivocas-Una sonrisa se me escapó.-pero quizás tengas razón en ir a verle.
Me levanté del sofá, estábamos en su casa, viendo la tele, asique la apagué, me puse el chaquetón, cogí mi bolso y con una sonrisa de oreja a oreja me fui hasta la puerta. Mario tambien se levantó, cogió su chaqueta y fuimos a casa de mi padre.
-¿Sábes que te quiero?-dijo Tamara.
-Si, pero yo te quiero más. - Contestó Samuel.
Sus manos estan unidas, sus miradas se mantenían fijamente.
Un beso, otro.
- Creo que lo mejor que me pudo pasar fue conocerte.-Comentó Carol.
-Sí, estas en lo cierto.- Dijo con su tono de egocentrismo Javié. ¿Javié?, si, hacía tiempo que estaban juntos, solo algunas semanas. Él la encontró sola en casa de Samuel, cuando todos iban a pasar allí el día. Entonces se acercó y claro, llegó el beso, que lo significó todo.
-Bah, Te quiero.
-Yo tambien- Sonrisas, y beso.
En otro lado de la ciudad, sonó el timbre.
-Hola papá.
domingo, 17 de julio de 2011
Capítulo 29.En Madrid.
-Que situación más complicada.-Se quejó Samuel tras Javié contarle todo lo del autobús.
-Ni que lo digas... estoy fatal... tío, mi madre... que no es una mujer cualquiera, que es mi madre.-Se lamentó Javié sentado en el bordillo de la entrada de su casa. Samuel había llegado hacía unos minutos.
-Es verdad.-Samuel se acercó a Javié y le pasó el brazo por encima.
-Gracias Samuel.
-Para eso están los amigos.-Sonrió.
Yo estaba en mi casa, despierta,ya desayunada y tumbada en el sillón viendo la televisión. Carol y Tamy
dormían, ellas siempre se despertaban a las tantas.Mi madre también dormía. Yo,cuanto antes, mejor. Cogí mi móvil y llamé a Mario, tenía ganas de hablar con él, me encerré en mi cuarto.
-¡Cariño!-Me saludó.
-¡Cari! ¿Cómo vas?
-Muy bien, son cinco horas de viaje... pero bueno, ¿sábes qué?
-¿Qué?-Me intrigué.
-Que está aquí, en el autobús, Natalia, la madre de Javié.
-¡Ala! Pero... ¿va con Javié?
-¡Que va!, le ha dejado una carta a Javié y a tu padre diciéndole que no les busquen.
-¿Quéé? Voy a llamarlo ahora mismo, ¡dios! ¡Estoy flipando! Pobre de mi padre y de Javié... ¡Esa mujer es... esa mujer es una bruja! -Dije de mal humor.
-De verdad... ahora mismo Javié está con Samuel en su casa, a ido en cuanto antes allí, para estar con él.
-Dios... y tú ¿qué? ¿estás bien?
-Sí, perfectamente, llevo ya tres horas de viaje...-Comentó Mario.
-Cuando llegues me das un toque y si puedo te llamo, ¿vale?-Le dije.
-¡Vale amor!
-Bueno, te dejo, ¡te quiero!-Me despedí.
-¡Te quiero!-Y colgué.
-Ni que lo digas... estoy fatal... tío, mi madre... que no es una mujer cualquiera, que es mi madre.-Se lamentó Javié sentado en el bordillo de la entrada de su casa. Samuel había llegado hacía unos minutos.
-Es verdad.-Samuel se acercó a Javié y le pasó el brazo por encima.
-Gracias Samuel.
-Para eso están los amigos.-Sonrió.
Yo estaba en mi casa, despierta,ya desayunada y tumbada en el sillón viendo la televisión. Carol y Tamy
dormían, ellas siempre se despertaban a las tantas.Mi madre también dormía. Yo,cuanto antes, mejor. Cogí mi móvil y llamé a Mario, tenía ganas de hablar con él, me encerré en mi cuarto.
-¡Cariño!-Me saludó.
-¡Cari! ¿Cómo vas?
-Muy bien, son cinco horas de viaje... pero bueno, ¿sábes qué?
-¿Qué?-Me intrigué.
-Que está aquí, en el autobús, Natalia, la madre de Javié.
-¡Ala! Pero... ¿va con Javié?
-¡Que va!, le ha dejado una carta a Javié y a tu padre diciéndole que no les busquen.
-¿Quéé? Voy a llamarlo ahora mismo, ¡dios! ¡Estoy flipando! Pobre de mi padre y de Javié... ¡Esa mujer es... esa mujer es una bruja! -Dije de mal humor.
-De verdad... ahora mismo Javié está con Samuel en su casa, a ido en cuanto antes allí, para estar con él.
-Dios... y tú ¿qué? ¿estás bien?
-Sí, perfectamente, llevo ya tres horas de viaje...-Comentó Mario.
-Cuando llegues me das un toque y si puedo te llamo, ¿vale?-Le dije.
-¡Vale amor!
-Bueno, te dejo, ¡te quiero!-Me despedí.
-¡Te quiero!-Y colgué.
sábado, 16 de julio de 2011
Capítulo 28-Hacía Madrid.
"Javié, he salido hacía Madrid, siento mucho no haberte contado nada, te enterarás pronto, créeme, durante estos días Fran estará a tu cargo, él tampoco sabe nada. No me busquéis no se si nos volveremos a ver."
Sí, así estaba bien.Natalia se había puesto cómoda, unos pantalones largos vaqueros y una camiseta de manga larga verde. Mi padre estaba de noches, volvería en media hora, para las ocho y media. Su trabajo consistía en ser recepcionista en un hotel. Natalia se llevó una bolsa con un par de ropa , algo de comida para el autobús y por supuesto dinero.Dejó la carta en el cuarto de su hijo y con un poco de tristeza, no mucha, ya que a ella lo único que le importaba era su marido, salió hacía la parada del autobús. Cogió el de las ocho y cinco.
-Buenos días, ¿va para Madrid?-Preguntó.
-Sí, sube, cinco horas.
-Vale,tome.-Le dió el dinero. Se sentó detrás. Un chico con una gorra azul,unos vaqueros piratas y una camiseta blanca le resultó familiar, se sentó al principio del autobús, pero no lo reconoció. No le dio importancia. Colocó su bolsa en los pies y cogió una botella de agua que había metido antes de salir. Bebió. Estaba fría, recién sacada del frigorífico. Seguramente aguantaría todas las horas de autobús, la temperatura no era muy alta. En ese momento el autobús empezó a arrancar. Pasaron por un termómetro. Diez grados.
Hace unas horas...
Siete de la mañana. Hora de levantarse. Mario saldría hoy en el autobús hacia Madrid. Se sentó en la cama, se estiró y se levantó. Eligió la ropa que se iba a poner; unos piratas,camiseta blanca y su gorra azul. Bajó a la cocina, se puso un baso de leche con colacao. Estaba solo. Ni un ruido. Ayer,por la noche, preparó su maleta con varias camisetas y pantalones y un par de zapatos.
Después de desayunar cogió su maleta y se dirigió a la parada del autobús.Cogería el de las ocho y cinco. Ocho en punto. Cinco minutos para que llegara. En frente había una librería. Con su maleta fue cargando hasta allí.
-Buenos días, ¿me da aquella revista?-Preguntó.
-Sí, tome.
-¿Cuánto es?
-Uno con veinte.-Contestó.
-Vale, pues... deme también aquella caja de chicles. ¿Cuál es el total?-Preguntó al darle los chicles.
-Pues... uno con setenta.-Le contestó el librero.
-Gracias,hasta luego.-Tras darle el dinero salió de la librería. Allí estaba el autobús. Subió, le entregó el dinero al conductor. Al entrar observó que una mujer, alta, con una camiseta verde y unos vaqueros le miraba descaradamente. ¿Era quien imaginaba?
Javié se quedó parado. No sabía que hacer. Ni que decir. No sabía nada. Se acababa de levantar, imaginaba que Fran estaría ya allí, fue arriba, a su habitación. Estaba dormido. No quería despertarlo, acabaría de llegar. Eran las once de la mañana. Llamó rápidamente a Samuel.
-¿Sí?-Le cogió una voz grave.
-¿Samuel?
-No, jaja soy su padre, un momento, ahora se pone.-tres segundos.-¿Sí?
-¡Samuel! Soy Javié.
-Mira a ver si llamas mas pronto ¡eh!- Dijo bromeando.
-Sí,pero es urgente...
-¡Dime!
-Mi madre, que se ha ido.-Le explicó Javié.
-¿A dónde?
-A Madrid.
-¿Quééé? ¿Qué dicees?-Se alarmó Samuel.
-Lo que oyes. Me a dejado una nota. Dice que no le busquemos que no sabe si nos volveremos a ver...-La voz de Javié cambió al pronunciar esas palabras. Una lágrima le recorría la mejilla.
-Javié, tranquilo, iremos a...
-El autobús se habrá ido ya.
-Tío... lo tienes crudo.
-Lo sé.
-Lo siento...
-Ya...-En ese momento Javié recibió una llamada al móvil.-¡Eih Samuel! es Mario, espera un momento, no te vayas eh.
-Si, si, no me voy.
-¿Mario?
-Javié, no puedo hablar muy alto, estoy en el autobús hacia Madrid, porque mi abuela se a puesto mala y me quedo todo el fin de semana, al entrar en el autobús... me he encontrado a tu madre, pero he echo como si no la viera.-Contó Mario.
-¿Quéé? ¡Dios! Nos a escrito una carta a Fran y a mí, dice que no le busquemos, que no sabe si la volveremos a ver.-Javié se encontraba raro, no creía que esto estubiera pasando.
-¿Javié?-Se escuchaba en el otro lado a Samuel.-¿Qué pasa?-La voz de Samuel era de estresamiento.
-Ahora te cuento Samuel. Aber... Mario... ¿Qué hacemos?-Preguntó Javié sin saber que hacer.
-Puedo intentar seguirla.
-Síguela.
Sí, así estaba bien.Natalia se había puesto cómoda, unos pantalones largos vaqueros y una camiseta de manga larga verde. Mi padre estaba de noches, volvería en media hora, para las ocho y media. Su trabajo consistía en ser recepcionista en un hotel. Natalia se llevó una bolsa con un par de ropa , algo de comida para el autobús y por supuesto dinero.Dejó la carta en el cuarto de su hijo y con un poco de tristeza, no mucha, ya que a ella lo único que le importaba era su marido, salió hacía la parada del autobús. Cogió el de las ocho y cinco.
-Buenos días, ¿va para Madrid?-Preguntó.
-Sí, sube, cinco horas.
-Vale,tome.-Le dió el dinero. Se sentó detrás. Un chico con una gorra azul,unos vaqueros piratas y una camiseta blanca le resultó familiar, se sentó al principio del autobús, pero no lo reconoció. No le dio importancia. Colocó su bolsa en los pies y cogió una botella de agua que había metido antes de salir. Bebió. Estaba fría, recién sacada del frigorífico. Seguramente aguantaría todas las horas de autobús, la temperatura no era muy alta. En ese momento el autobús empezó a arrancar. Pasaron por un termómetro. Diez grados.
Hace unas horas...
Siete de la mañana. Hora de levantarse. Mario saldría hoy en el autobús hacia Madrid. Se sentó en la cama, se estiró y se levantó. Eligió la ropa que se iba a poner; unos piratas,camiseta blanca y su gorra azul. Bajó a la cocina, se puso un baso de leche con colacao. Estaba solo. Ni un ruido. Ayer,por la noche, preparó su maleta con varias camisetas y pantalones y un par de zapatos.
Después de desayunar cogió su maleta y se dirigió a la parada del autobús.Cogería el de las ocho y cinco. Ocho en punto. Cinco minutos para que llegara. En frente había una librería. Con su maleta fue cargando hasta allí.
-Buenos días, ¿me da aquella revista?-Preguntó.
-Sí, tome.
-¿Cuánto es?
-Uno con veinte.-Contestó.
-Vale, pues... deme también aquella caja de chicles. ¿Cuál es el total?-Preguntó al darle los chicles.
-Pues... uno con setenta.-Le contestó el librero.
-Gracias,hasta luego.-Tras darle el dinero salió de la librería. Allí estaba el autobús. Subió, le entregó el dinero al conductor. Al entrar observó que una mujer, alta, con una camiseta verde y unos vaqueros le miraba descaradamente. ¿Era quien imaginaba?
Javié se quedó parado. No sabía que hacer. Ni que decir. No sabía nada. Se acababa de levantar, imaginaba que Fran estaría ya allí, fue arriba, a su habitación. Estaba dormido. No quería despertarlo, acabaría de llegar. Eran las once de la mañana. Llamó rápidamente a Samuel.
-¿Sí?-Le cogió una voz grave.
-¿Samuel?
-No, jaja soy su padre, un momento, ahora se pone.-tres segundos.-¿Sí?
-¡Samuel! Soy Javié.
-Mira a ver si llamas mas pronto ¡eh!- Dijo bromeando.
-Sí,pero es urgente...
-¡Dime!
-Mi madre, que se ha ido.-Le explicó Javié.
-¿A dónde?
-A Madrid.
-¿Quééé? ¿Qué dicees?-Se alarmó Samuel.
-Lo que oyes. Me a dejado una nota. Dice que no le busquemos que no sabe si nos volveremos a ver...-La voz de Javié cambió al pronunciar esas palabras. Una lágrima le recorría la mejilla.
-Javié, tranquilo, iremos a...
-El autobús se habrá ido ya.
-Tío... lo tienes crudo.
-Lo sé.
-Lo siento...
-Ya...-En ese momento Javié recibió una llamada al móvil.-¡Eih Samuel! es Mario, espera un momento, no te vayas eh.
-Si, si, no me voy.
-¿Mario?
-Javié, no puedo hablar muy alto, estoy en el autobús hacia Madrid, porque mi abuela se a puesto mala y me quedo todo el fin de semana, al entrar en el autobús... me he encontrado a tu madre, pero he echo como si no la viera.-Contó Mario.
-¿Quéé? ¡Dios! Nos a escrito una carta a Fran y a mí, dice que no le busquemos, que no sabe si la volveremos a ver.-Javié se encontraba raro, no creía que esto estubiera pasando.
-¿Javié?-Se escuchaba en el otro lado a Samuel.-¿Qué pasa?-La voz de Samuel era de estresamiento.
-Ahora te cuento Samuel. Aber... Mario... ¿Qué hacemos?-Preguntó Javié sin saber que hacer.
-Puedo intentar seguirla.
-Síguela.
Capítulo 27- Una vez más.
-¡Ha contestado!-Grité emocionada tras ver un mensaje privado suyo, de Mario.
-¿Qué pone? ¿Qué pone?-Preguntó intrigada Estrella.
-Te leo: "Cariño, me alegro que no haya pasado nada, perdona por no contestar, no estuve ayer por la tarde, me tuve que ir a casa de Samuel, porque mi abuela se ha puesto mala y mis padres han tenido que ir a Madrid, a verla, no me llevé el móvil, lo siento.Te quiero"
-¡Que bonito! tía... pobrecito-Dijo Estrella.
-Sí... Voy a llamarlo.-Dije.
Toc toc.-En ese momento llamaron a la puerta.
-Pauline, ha venido alguien a verte.-Dijo mi madre con una sonrisa. Extrañada bajé corriendo y Estrella se quedó en mi cuarto. Por el filo de la puerta que estaba entornada pude verlo. ¡Era él! rápidamente me fui al baño me arreglé un poco el pelo, me coloqué el collar que me regaló y me acerqué a la puerta.
-¡Mario! -Me tiré entre sus brazos y nos fundimos en un beso dulce.-Ahora mismo te iba a llamar.
-¿Sí? Es que vengo de casa de Samuel, he pasado allí toda la noche, me dejé el móvil en casa-Me dijo.
-No importa, ¿cómo está tu abuela?
-Pues... bien... no va mal, pero fue un susto. Mis padres se quedaran todo el fin de semana. Yo me voy mañana... a Madrid.-Mi cara cambió.
-¡Hola!-Se escuchó a Estrella.
-Jo...¡Pues llévate el móvil!-Continué.
-¿Hola?
-Sí, lo llevaré, solo para llamarte a ti.
-oh, ¡te quiero!-Otro beso.
-¿Hola?
-¡Hola Estrella!-Saludamos los dos. Estrella puso cara de enfado.
-Ya os vale...llevo aquí tres minutos y no os habéis dado cuenta.
-Lo sentimos, venga, ¿te vienes?
-¿A dónde?
-A dar un paseo.
-A... no, gracias, ya me iba.-Estrella salió fuera y se despidió.-¡Adios!
-¡Estrella!-Desapareció.
-Bueno, ¡Tú y yo...! ¡Solos!
-Sí, ¡solos!-Sonreímos. Otro beso.-¿Vamos?
-Vamos.
"Me voy a escapar" Esa fue la última frase que pronunció su marido, Julián. ¿Lo haría de verdad? No lo sabía... pero no podía quedarse así. ¿Qué podría hacer? Cuando se escapara saldría en todos los medios de comunicación, radio,televisión,periódico... Natalia estaba dando vueltas por el salón, hacía diez minutos que había llegado de tirar la basura. Javié le había vuelto a insistir que le contara todo, pero Natalia se había negado.Se acercó a la cocina y cogió un vaso de agua natural. Mientras, iba pensando. Si, lo llamaría otra vez.Cogió su móvil y marcó el número de la prisión. Varios bip sonaron, pero nadie atendió.Tendría que irse, de nuevo. Pero ¿hoy? Ya no, eran las once y media de la noche. Mañana, por fin, si las cosas no salía mal, mañana estaría en Madrid.
Sábado, ¡por fin Sábado! puf... que hartura de semana. La que viene terminaría el curso, y por fin, ¡a disfrutar! Ayer, estuve con Mario, fuimos al parque, compramos bebidas y pasamos allí toda la tarde. Él por la mañana se iría a Madrid, con su familia, se quedaría allí todo el fín de semana. Después nos despedimos con un beso,varias palabras dulces,sinceras y con un "Te quiero".
miércoles, 13 de julio de 2011
Capítulo 26- Otra oportunidad.
En el comedor solo se escuchaban los ruidos de los cubiertos y los platos.Natalia estaba sentada en la mesa a un lado, y Javié a otro, él había llegado más tarde y se había puesto lejos de su madre. Durante la cena no hablaron ni discutieron nada.
Javié se levantó de la mesa y llevó su plato a la cocina. Subió a su habitación,encendió su ordenador y se conectó al tuenti.
-¡Javiéé!-Samuel, fue el primero en hablarle.-¿Qué tal?
-Hola Mario. Bueno... mal...mi madre no ha hablado durante toda la cena.
-¡Dios! ¿Y cuando va a querer contártelo?
-Ni idea...-Samuél se desconectó. Esa sería de las muchas veces que se le fue el Internet. Al minuto empecé ha hablarle yo.
-Hola-Saludé nada más verlo conectado.
-Hola
-Qué, ¿Cómo te va con lo de tu madre?
-Pues ahora mismo no muy bien...
-Pues vaya... Javié, que sepas que me tienes aquí para lo que sea.-Comenté.
-Gracias Pauline.-Agradeció Javié.
-Si te quieres dar una vuelta con nosotras para despejarte, no tienes más que pedírmelo.
-Gracias,en serio.
-No me lo agradezcas.
-Puf, esque...es una situación difícil. Cuando mi madre quiere hablar conmigo le contesto y me siento muy mal por ello.-Comentó Javié.
-Javié, cuando tu madre te hable deberías de contestarle bien, quizás si no te lo ha contado ha sido para no alarmarte, seguramente tendrá su motivo. -Intenté ayudar.
-No lo había pensado, la verdad es que no hemos hablado bien desde que me enteré. Por cierto ¿y Carol?.
-¿Carol?-Me extraño esa pregunta.-Pues, en su habitación, ¿quieres que le diga algo?
-emm... no, gracias, no...
-¿Javié? ¿Te pasa algo respecto a ella?
-No, ¡que va!
-aa... ¡vale!-Dije con una carita sonriente al final de la frase.
Era de noche, las diez y media en punto. Un silencio profundo cubría la habitación. La oscuridad obligaba a Javié a encender su lámpara. Una llamada a la puerta rompió el silencio. Natalia entró a su habitación.
-Javié, voy a llevar la basura, ahora vuelvo.
-Mamá...
-Dime.-Se extrañó su madre.
-¿Cuándo lo sabré?-Natalia hizo muecas de estar pensando.-Porfavor...
-Hijo... es complicado, y una historia muy larga.
-Mamá, soy tu hijo, debo de saberlo.
-Javié, lo siento, pero en estos momentos no te puedo explicar nada, te enterarás más tarde. Ahora mismo no lo entenderías.
-¡Mamá! Por favor...
-Lo siento.-Natalia se dirigió a la puerta y se fue.
-Siéntate jovencita.-Me ordenó mi madre.-Esto te pertenece, ¿cierto?-Mi madre me mostró el collar. "¿qué?, ¿Qué hacía mi madre con eso? ¿Cómo había llegado a sus manos?"
-e... sí...
-Me lo encontré en la bañera.-"ahora lo entiendo, me tropecé en la ducha y debió caerse" -Cariño, esto es difícil... hoy por la tarde me ha llamado tu tutora. Dice que estás empeorando en tus notas.
-¿Qué? Pero mamá...
-Espera, creo que es por ese chico... Pauline, tú siempre has sacado buenísimas notas, igual que tus hermanas, y aún tienes catorce años, y ya tienes novio...
-¡Mamá! ¡Yo lo quiero! - Grité.
-Lo sé hija, lo sé. Todos hemos pasado por eso. Pero eres muy chica. Super chica. ¿cuántos años tiene?-Preguntó mi madre.
-Dieciseis.-Mi madre puso cara de asombro.- ¿Qué pasa mamá? En el amor no importa la edad, solo importa querernos mutuamente.
-Lo sé. Pero no puedes permitir que un chico haga que tu vida cambie; no estás en casa, sacas peores notas, llegas a las tantas y sin explicaciones... No puede ser.
-Mamá, por favor, dame una oportunidad, te prometo que estudiaré y sacaré buenas notas, te lo prometo.
-Está bien... ¡Solo una!-Sonrió mi madre. Sonreí yo.-Ahora, toma.-Me dio mi madre el colgante y me lo puse.
Rápidamente fui a mi habitación y cogí mi movil. Llamé a Mario para contarle lo que había pasado. Un bip,dos,tres... no cogía, seguí esperando un poco más. Colgué. Volví a llamar. Nada.
La mandé un mensaje privado a Mario. Decía; "¡Cariño! mi madre ha encontrado mi collar, me ha estado explicando que no puedo, no puedo seguir sacando notas bajas, ni no estar en mi casa, ni dar explicaciones de lo que hago... le he pedido una oportunidad. Me la ha dado. ¡Quiero contactar contigo! Te he llamado, y no lo has cogido. Cuando recibas este mensaje, llámame.
Te quiero."
-¡Javiéé!-Samuel, fue el primero en hablarle.-¿Qué tal?
-Hola Mario. Bueno... mal...mi madre no ha hablado durante toda la cena.
-¡Dios! ¿Y cuando va a querer contártelo?
-Ni idea...-Samuél se desconectó. Esa sería de las muchas veces que se le fue el Internet. Al minuto empecé ha hablarle yo.
-Hola-Saludé nada más verlo conectado.
-Hola
-Qué, ¿Cómo te va con lo de tu madre?
-Pues ahora mismo no muy bien...
-Pues vaya... Javié, que sepas que me tienes aquí para lo que sea.-Comenté.
-Gracias Pauline.-Agradeció Javié.
-Si te quieres dar una vuelta con nosotras para despejarte, no tienes más que pedírmelo.
-Gracias,en serio.
-No me lo agradezcas.
-Puf, esque...es una situación difícil. Cuando mi madre quiere hablar conmigo le contesto y me siento muy mal por ello.-Comentó Javié.
-Javié, cuando tu madre te hable deberías de contestarle bien, quizás si no te lo ha contado ha sido para no alarmarte, seguramente tendrá su motivo. -Intenté ayudar.
-No lo había pensado, la verdad es que no hemos hablado bien desde que me enteré. Por cierto ¿y Carol?.
-¿Carol?-Me extraño esa pregunta.-Pues, en su habitación, ¿quieres que le diga algo?
-emm... no, gracias, no...
-¿Javié? ¿Te pasa algo respecto a ella?
-No, ¡que va!
-aa... ¡vale!-Dije con una carita sonriente al final de la frase.
Era de noche, las diez y media en punto. Un silencio profundo cubría la habitación. La oscuridad obligaba a Javié a encender su lámpara. Una llamada a la puerta rompió el silencio. Natalia entró a su habitación.
-Javié, voy a llevar la basura, ahora vuelvo.
-Mamá...
-Dime.-Se extrañó su madre.
-¿Cuándo lo sabré?-Natalia hizo muecas de estar pensando.-Porfavor...
-Hijo... es complicado, y una historia muy larga.
-Mamá, soy tu hijo, debo de saberlo.
-Javié, lo siento, pero en estos momentos no te puedo explicar nada, te enterarás más tarde. Ahora mismo no lo entenderías.
-¡Mamá! Por favor...
-Lo siento.-Natalia se dirigió a la puerta y se fue.
-Siéntate jovencita.-Me ordenó mi madre.-Esto te pertenece, ¿cierto?-Mi madre me mostró el collar. "¿qué?, ¿Qué hacía mi madre con eso? ¿Cómo había llegado a sus manos?"
-e... sí...
-Me lo encontré en la bañera.-"ahora lo entiendo, me tropecé en la ducha y debió caerse" -Cariño, esto es difícil... hoy por la tarde me ha llamado tu tutora. Dice que estás empeorando en tus notas.
-¿Qué? Pero mamá...
-Espera, creo que es por ese chico... Pauline, tú siempre has sacado buenísimas notas, igual que tus hermanas, y aún tienes catorce años, y ya tienes novio...
-¡Mamá! ¡Yo lo quiero! - Grité.
-Lo sé hija, lo sé. Todos hemos pasado por eso. Pero eres muy chica. Super chica. ¿cuántos años tiene?-Preguntó mi madre.
-Dieciseis.-Mi madre puso cara de asombro.- ¿Qué pasa mamá? En el amor no importa la edad, solo importa querernos mutuamente.
-Lo sé. Pero no puedes permitir que un chico haga que tu vida cambie; no estás en casa, sacas peores notas, llegas a las tantas y sin explicaciones... No puede ser.
-Mamá, por favor, dame una oportunidad, te prometo que estudiaré y sacaré buenas notas, te lo prometo.
-Está bien... ¡Solo una!-Sonrió mi madre. Sonreí yo.-Ahora, toma.-Me dio mi madre el colgante y me lo puse.
Rápidamente fui a mi habitación y cogí mi movil. Llamé a Mario para contarle lo que había pasado. Un bip,dos,tres... no cogía, seguí esperando un poco más. Colgué. Volví a llamar. Nada.
La mandé un mensaje privado a Mario. Decía; "¡Cariño! mi madre ha encontrado mi collar, me ha estado explicando que no puedo, no puedo seguir sacando notas bajas, ni no estar en mi casa, ni dar explicaciones de lo que hago... le he pedido una oportunidad. Me la ha dado. ¡Quiero contactar contigo! Te he llamado, y no lo has cogido. Cuando recibas este mensaje, llámame.
Te quiero."
domingo, 5 de junio de 2011
Capítulo 25-Dentro de un bizcocho.
Sentí algo extraño. Algo dentro del pastel estaba duro. Mario sonrió al verme hacer muecas con la boca.
Cogí el plato que me había dado donde estaba el pastel y lo eché de la boca.Sentí mucha vergüenza en ese acto, pero Mario seguía sonriendo.
-¿De qué te ríes?-Dije un poco molesta tras colocar el pastel en su plato. De pronto vi que en ese trozo había algo. El sol lucía en el fondo. Una luz se notó dentro de los trozos de pastel que había desmenuzados.Acerqué mis manos, extendí los dedos y pude coger un objeto de color plata. Puse una cara de asombro ver que en esa mini placa había unas pequeñas letras. Me acerqué para poder distinguirlas.
-Pauline Y Mario.-Dijo él antes de que yo pudiera leerlas.
-¡¡Me encanta!!-Era un collar. Mario se me acercó y yo me puse de espaldas. Me colocó la cadena y me giré. Después me lanzé sobre él y empecé a besarle.
-Gracias.-Dije.
-Te quiero.-Susurró.
No paraba de darle vueltas a lo ocurrido. No sabía que hacer. Sabía que le había mentido. Pero era su madre... algo muy duro tendría que haber ocurrido para no contárselo. Subió el volumen de su iPod para no poder escuchar sus pensamientos, los pensamientos que le invadían en ese momento. Sintió algún golpe, pero siguió como si nada. Escuchó de nuevo ese golpe.
-¡Aaaah! ¡Dios!-Dijo Javié bajando el volumen de la música.
-Perdona, no contestabas y he entrado.-Era su madre. Javié se quedó quieto. Sin habla.-Quería hablar contigo...
-Pues pierdes el tiempo.
-Javié...
-¡Mamá! ¿Qué? ¡Es la verdad!-Gritó Javié.
-Quería contártelo-Explicó Natalia.
-¡Vete! ¡Vete! Ahora no tengo ganas de hablar...-Javié se puso histérico. Natalia aguantó sus lágrimas, y despacio se dirigió a la puerta y abandonó la habitación.
-¡Pauline!, ¿De dónde vienes? ¿Has estado con Mario? ¿Dónde? ¡Cuenta!-Comenzaron sus hermanas y Estrella, que cuando Pauline había llegado, estaba ya allí, se quedaría a dormir. Empezaron a preguntar, después de una noche tan larga.
-Me a llevado al campo. Podrá sonar algo... pero sí, me ha llevado al campo. Ha hecho un bizcocho el cuál me ha dado para que lo pruebe. Pero de repente he notado algo extraño... algo duro...
-¿Qué era?-Se intrigaron las tres.
-Un collar.
-¡oooooooh!-Exclamaron al unísono.-Qué bonito...-Dijeron en tono pasteloso.
-Es este.-Sonreí y levanté el collar para que lo vieran.
-¡Anda! ¡Qué detallista! -Sonrió Carol.
-¡Si hasta pone vuestros nombres...! -Observó Estrella. Carol y Tamara se acercaron a verlo.
-¡Madre mía! Envidiable...-Empecé a reírme.
-Bueno chicas me voy a duchar y luego nos vemos, Estrella, te quedarás, ¿no?-Pregunté.
-¡Claro que sí!-Contestaron Carol y Tamara a la vez, independientes.-Estrella sonrió. Lentamente salí de la habitación.Antes de llegar al baño me crucé con mi madre.
-Pauline, ¿de dónde vienes?
-De dar una vuelta.
-¿Con quién?
-Con unos amigos...-Quise encubrirlo.
-Bueno,dúchate, la cena estará dentro de unos minutos. Después me ducharé yo.-Avisó mi madre.
-Vale.-Seguí recorriendo lo que me quedaba de pasillo hasta que llegué al baño. Me quité toda la ropa. Me situé frente al espejo. ¿Era verdad lo que me estaba pasando? ¿o era un sueño? Me pellizqué fuertemente en uno de los brazos. Sí, era verdad. Levanté una pierna sobre la bañera y la apoyé en su suelo. Después levanté la otra que se me enganchó en una barra que había lo que hizo que me resbalara. Rápidamente me sujeté a lo primero que ví. No fue suficiente y caí.
-¡Ay!-Dije suavemente.Me hice daño.-¡Ay!-Repetí. Me conseguí levantar.
Cuando terminé de ducharme,salí de la bañera y me enroyé en mi albornoz. Eché la ropa sucia al canasto. Me fui a mi cuarto. Allí cogí el pijama y me lo puse.
-¡Tamara,Carol, Estrella! Vamos a cenar.-Grité.
-¡Ya vamos!-Contestaron. Abrí la puerta de mi cuarto y bajé las escaleras llegando a la cocina. En ese momento mi madre subía para ducharse.
-Vamos, que la cena se enfría.
-Vale,mamá-Sonreí.
Mi madre subió las escaleras pasando por el cuarto de mis hermanas y de nuevo.
-Niñas,venga, a cenar.
-Ya,ya-Sonrieron.
Mi madre abrió la puerta del baño. Se desnudó y se metió en la ducha. Mientras que el agua se deslizaba por su cuerpo, pudo ver algún brillo, que procedía de la esquina de la bañera.
-Pauline y Mario.
Cogí el plato que me había dado donde estaba el pastel y lo eché de la boca.Sentí mucha vergüenza en ese acto, pero Mario seguía sonriendo.
-¿De qué te ríes?-Dije un poco molesta tras colocar el pastel en su plato. De pronto vi que en ese trozo había algo. El sol lucía en el fondo. Una luz se notó dentro de los trozos de pastel que había desmenuzados.Acerqué mis manos, extendí los dedos y pude coger un objeto de color plata. Puse una cara de asombro ver que en esa mini placa había unas pequeñas letras. Me acerqué para poder distinguirlas.
-Pauline Y Mario.-Dijo él antes de que yo pudiera leerlas.
-¡¡Me encanta!!-Era un collar. Mario se me acercó y yo me puse de espaldas. Me colocó la cadena y me giré. Después me lanzé sobre él y empecé a besarle.
-Gracias.-Dije.
-Te quiero.-Susurró.
No paraba de darle vueltas a lo ocurrido. No sabía que hacer. Sabía que le había mentido. Pero era su madre... algo muy duro tendría que haber ocurrido para no contárselo. Subió el volumen de su iPod para no poder escuchar sus pensamientos, los pensamientos que le invadían en ese momento. Sintió algún golpe, pero siguió como si nada. Escuchó de nuevo ese golpe.
-¡Aaaah! ¡Dios!-Dijo Javié bajando el volumen de la música.
-Perdona, no contestabas y he entrado.-Era su madre. Javié se quedó quieto. Sin habla.-Quería hablar contigo...
-Pues pierdes el tiempo.
-Javié...
-¡Mamá! ¿Qué? ¡Es la verdad!-Gritó Javié.
-Quería contártelo-Explicó Natalia.
-¡Vete! ¡Vete! Ahora no tengo ganas de hablar...-Javié se puso histérico. Natalia aguantó sus lágrimas, y despacio se dirigió a la puerta y abandonó la habitación.
-¡Pauline!, ¿De dónde vienes? ¿Has estado con Mario? ¿Dónde? ¡Cuenta!-Comenzaron sus hermanas y Estrella, que cuando Pauline había llegado, estaba ya allí, se quedaría a dormir. Empezaron a preguntar, después de una noche tan larga.
-Me a llevado al campo. Podrá sonar algo... pero sí, me ha llevado al campo. Ha hecho un bizcocho el cuál me ha dado para que lo pruebe. Pero de repente he notado algo extraño... algo duro...
-¿Qué era?-Se intrigaron las tres.
-Un collar.
-¡oooooooh!-Exclamaron al unísono.-Qué bonito...-Dijeron en tono pasteloso.
-Es este.-Sonreí y levanté el collar para que lo vieran.
-¡Anda! ¡Qué detallista! -Sonrió Carol.
-¡Si hasta pone vuestros nombres...! -Observó Estrella. Carol y Tamara se acercaron a verlo.
-¡Madre mía! Envidiable...-Empecé a reírme.
-Bueno chicas me voy a duchar y luego nos vemos, Estrella, te quedarás, ¿no?-Pregunté.
-¡Claro que sí!-Contestaron Carol y Tamara a la vez, independientes.-Estrella sonrió. Lentamente salí de la habitación.Antes de llegar al baño me crucé con mi madre.
-Pauline, ¿de dónde vienes?
-De dar una vuelta.
-¿Con quién?
-Con unos amigos...-Quise encubrirlo.
-Bueno,dúchate, la cena estará dentro de unos minutos. Después me ducharé yo.-Avisó mi madre.
-Vale.-Seguí recorriendo lo que me quedaba de pasillo hasta que llegué al baño. Me quité toda la ropa. Me situé frente al espejo. ¿Era verdad lo que me estaba pasando? ¿o era un sueño? Me pellizqué fuertemente en uno de los brazos. Sí, era verdad. Levanté una pierna sobre la bañera y la apoyé en su suelo. Después levanté la otra que se me enganchó en una barra que había lo que hizo que me resbalara. Rápidamente me sujeté a lo primero que ví. No fue suficiente y caí.
-¡Ay!-Dije suavemente.Me hice daño.-¡Ay!-Repetí. Me conseguí levantar.
Cuando terminé de ducharme,salí de la bañera y me enroyé en mi albornoz. Eché la ropa sucia al canasto. Me fui a mi cuarto. Allí cogí el pijama y me lo puse.
-¡Tamara,Carol, Estrella! Vamos a cenar.-Grité.
-¡Ya vamos!-Contestaron. Abrí la puerta de mi cuarto y bajé las escaleras llegando a la cocina. En ese momento mi madre subía para ducharse.
-Vamos, que la cena se enfría.
-Vale,mamá-Sonreí.
Mi madre subió las escaleras pasando por el cuarto de mis hermanas y de nuevo.
-Niñas,venga, a cenar.
-Ya,ya-Sonrieron.
Mi madre abrió la puerta del baño. Se desnudó y se metió en la ducha. Mientras que el agua se deslizaba por su cuerpo, pudo ver algún brillo, que procedía de la esquina de la bañera.
-Pauline y Mario.
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