Mi madre estaba preocupada. Hacía rato que Tamy se había despedido de Samuel y había entrado en casa. Menos mal que entró a tiempo porque ya estaba empezando a mojarse.
-¿Pero dónde se ha metido esta niña?-Repetía mi madre constantemente moviéndose de un lado a otro. En la calle seguía lloviendo, cada vez más fuerte.
Mario me besaba cada vez que me miraba. Yo sentía que el día más feliz del mundo era este y lo tenía que disfrutar.
-Mario, es muy especial para mí que estemos así.
-Te quiero.
-Yo te quiero más y lo sabes.-Dije con una carcajada.
-¿Eso es lo que piensas?-Comentó Mario con voz amenazante. Me cogió de la mano y corriendo bajo la lluvia me llevó hacía un lugar lleno de matorrales y flores. Él se acercó a las amapolas.
-¿Qué vas a hacer?-Pregunté. Mario se acercó a mi y me invitó a oler la flor.-mm.. me encantan las amapolas.
Cuidadosamente me colocó una amapola en el pelo, cerca de la oreja.
-Gracias.-Dije con una sonrisa en la cara.
Mi madre cada vez estaba más nerviosa, eran ya las siete de la tarde, casi anocheciendo y yo, todavía no había aparecido.
-Tamara, ¿dónde está tu hermana?-Me dijo con un hilo de voz.
-Está... en... no sé, mamá, no se...
-Pues voy a ir a buscarla.
-en...¡No mamá!
-¿Dónde está tu hermana?
-¡Que no lo se! pero que estará a punto de llegar...
-¿A punto de llegar? ¡Pero si está lloviendo, ya debería de estar aquí! Y si no está contigo... ¿Con quién está?-Preguntó casi alzando la voz.
-Espera... la voy a llamar.-Tamy cogió su móvil, marcó mi número y tras dos tres bip, alguien cogió el teléfono.
-¿Sí?
-¿Pauline?-Dijo mi hermana casi gritando, no se le escuchaba muy bien.
-¡Dime!
-Mamá está super preocupada, ya puedes estar viniendo o no quieras que valla ella a buscarte...
-Pero, ¡Tamy! joe... ¡cúbreme! que me lo estoy pasando genial, porfa...
-Si, ¿y qué le digo?
-No se... invéntate algo, dile... dile que estoy en casa de Estrella.
-Puf...
-Por fa...
-Vale.
-¡Gracias Tamy! ¡Te quiero! ¡Adios!-No le dio tiempo a despedirse cuando colgué.
-¿Qué dice?-Preguntó mi madre.
-Que está en... en casa de Estrella.-Contestó.
Por otro lado...
¡No me lo podía creer! era... era como un sueño. Mi primer beso lo quería así, con alguien especial, alguien que me gustara de verdad, él. Mario. Era la chica más afortunada del mundo.
-Era mi hermana. Dice que mi madre ha estado a punto de salir a buscarme. Pero le he dicho que le diga que estoy en casa de Estrella... -Busqué refugiarme con Mario debajo de un techo de una tienda de chuches donde busqué en la agenda de teléfonos, y encontré allí el móvil de Estrella. Un bip...lo cogió.
-¿Si?
-¡Estrella! Si llama mi madre, dile que estoy contigo. Ya te explicaré todo con más calma pero necesito que me cubras.
-ah... vale.
-¡Gracias! ¡Hasta luego!-Colgué. Mario, inesperadamente me volvió a coger, esta vez de la cintura.
-¡Aih!-Me quejé.
-¿Te he hecho daño? Perdona.-Yo, seria,me levanté y pedí una botella de agua a la señora de la tienda.
-Gracias, aquí tiene.-Nos despedimos.
-¿Quieres agua?-Pregunté con humor. Mario asintió con la cabeza. Yo, abrí la botella y rápidamente le eché toda el agua a Mario en la cabeza, pero hizo fuerza para quitarme la botella. Yo me resistí, pero enseguida me la quitó y toda el agua que quedaba me la echó a mí, él se puso serio, pero que enseguida sonrió. Me cogió,me llevó al centro del parque y chorreando los dos, nos sentamos en medio.Él, me abrazó. La señora de la tienda de chucherías nos miraba estupefacta, pero nosotros no quitábamos nuestra sonrisa de la cara.
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